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  • Soltar – Cuando la oración se vuelve más importante que la acción

    Soltar – Cuando la oración se vuelve más importante que la acción

    Hay momentos en la vida en los que podemos actuar. Podemos ayudar, consolar, escuchar, acompañar a los demás y demostrar nuestro amor con acciones concretas.

    Y luego hay momentos en los que llegamos a nuestros límites.

    Queremos cambiar a una persona que amamos, protegerla del sufrimiento o guiarla por el camino correcto. Deseamos sanidad, paz o reconciliación. Nos preguntamos una y otra vez qué más podríamos decir, qué más podríamos hacer o qué podríamos haber hecho mejor.

    Pero a veces, esa ya no es nuestra tarea.

    A veces Dios nos invita a soltar.

    No porque la otra persona no sea importante, sino porque podemos reconocer que nosotros no somos Dios.

    Podemos amar.

    Podemos ayudar.

    Podemos acompañar.

    Podemos orar.

    Pero no tenemos que cargar con la responsabilidad de la vida de otra persona.

    Precisamente en esos momentos, la oración se vuelve más importante que la acción. No porque la oración sustituya al amor o a la ayuda práctica, sino porque podemos poner en las manos de Dios todo aquello que supera nuestras propias capacidades.

    Soltar no significa rendirse.

    Soltar significa confiar.

    También significa cuidar de nosotros mismos. Jesús nos llama a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Cuando nos agotamos por completo, terminamos perdiendo las fuerzas para cuidar de los demás. Por eso, cuidar de uno mismo no es egoísmo. Es una manera responsable de vivir el amor.

    Oraciones para relajarse

    Esta serie, «Oraciones para relajarse», quiere ayudarte a encontrar la calma interior y a meditar por medio de la oración.

    Tómate tu tiempo. Lee estas palabras despacio. Respira profundamente. No dejes que tus pensamientos pasen de largo sin detenerse. Haz pausas con frecuencia y dirige suavemente tu mirada hacia Dios.

    De este modo, unes la meditación con la oración. Te acercas más a Dios y, al mismo tiempo, te regalas paz, descanso y atención a ti mismo.

    Cuando cuidamos de nosotros mismos, tenemos más fuerzas para amar y servir a los demás. Cuidarse no es egoísmo. Nos ayuda a escuchar con más paciencia, a actuar con más amor y a acompañar a las personas que nos rodean con un corazón lleno de paz.

    Quizá ese sea el mayor cambio que esta oración puede producir: no que las personas que nos rodean cambien primero, sino que Dios llene nuestro propio corazón de paz, confianza y serenidad.

    Oración para soltar

    Querido Dios,

    Suelto.

    Suelto la idea de que tengo que salvar a todo el mundo.
    Suelto la idea de que tengo que cambiar a todo el mundo.
    Suelto la idea de que soy responsable de la vida de los demás.

    Suelto.

    Suelto la necesidad de tener siempre la razón.
    Suelto la necesidad de comprenderlo todo.
    Suelto la necesidad de controlarlo todo.

    Suelto.

    Suelto la exigencia de tener que ser perfecto.
    Suelto la presión de tener que complacer a todo el mundo.
    Suelto el miedo de no ser suficiente.

    Suelto.

    Confío en que Tú estás obrando, incluso cuando yo no puedo hacer nada.
    Confío en que Tú amas a las personas aún más de lo que yo podría amarlas.
    Confío en que Tú abres un camino, incluso cuando yo no puedo verlo.

    Confío.

    Soy libre para amar.
    Soy libre para ayudar.
    Soy libre para acompañar.
    Soy libre para orar.

    Pero no tengo que cambiar a nadie.
    No tengo que sanar a nadie.
    No tengo que cargar con nadie.

    Porque esa es Tu obra.

    Quiero amar con un corazón abierto.
    Quiero ayudar sin perderme a mí mismo.
    Quiero acompañar a los demás sin asumir la responsabilidad de sus vidas.
    Quiero orar sin llevar sobre mis hombros el peso del mundo entero.

    Suelto.

    Inspiro.

    Espiro.

    Encuentro la calma.

    Tú estás aquí.

    Tú me sostienes.

    Tú me guías.

    Tú me amas.

    Y soy libre para soltar.

    Amén.

    Lo que la Biblia nos enseña sobre soltar

    «Venid a mí…» – Mateo 11:28–30

    Jesús no dice: «Esforzaos más». Dice: «Venid a mí». Muchas veces llevamos cargas que Dios nunca nos pidió que lleváramos. Él nos invita a ponerlas a sus pies y a encontrar en Él nuevas fuerzas.

    «Encomienda al Señor tu carga.» – Salmo 55:22

    El salmista no nos anima a aferrarnos a nuestras preocupaciones, sino a confiárselas a Dios. Soltar no significa que los demás dejen de importarnos. Significa ponerlos en las manos de Dios, porque Él los conoce mejor que nosotros y los ama aún más.

    «Echad sobre Él toda vuestra ansiedad.» – 1 Pedro 5:7

    Pedro no dice: «Quedaos con una parte de vuestras preocupaciones». Dice: «Echad sobre Él toda vuestra ansiedad». Incluso nuestras mayores preocupaciones por las personas que amamos pueden ser confiadas a Dios. Él las lleva mucho mejor de lo que nosotros jamás podríamos hacerlo.

    «Confía en el Señor con todo tu corazón.» – Proverbios 3:5–6

    Soltar comienza donde empieza la confianza. No necesitamos comprender cada situación ni encontrar una solución para todo. Dios ve caminos que nosotros todavía no podemos ver.

    «No os preocupéis por nada.» – Filipenses 4:6–7

    Pablo nos muestra el camino para liberarnos de la preocupación: orar, dar gracias y poner todo delante de Dios. A cambio, Dios nos concede una paz que no depende de las circunstancias, sino de su presencia.

    «Llevad los unos las cargas de los otros… pero cada uno llevará su propia carga.» – Gálatas 6:2–5

    A primera vista, estos versículos parecen contradecirse. Sin embargo, juntos muestran un hermoso equilibrio. Estamos llamados a apoyarnos mutuamente y a ayudarnos a llevar las cargas de los demás. Al mismo tiempo, cada persona es responsable de su propia vida. Podemos ayudar, pero no estamos llamados a vivir la vida de otra persona en su lugar. Ahí se encuentra la verdadera libertad de soltar.

    «Separados de mí no podéis hacer nada.» – Juan 15:5

    Podemos animar, apoyar y amar a los demás. Pero la verdadera transformación viene, en última instancia, de Dios. Por eso podemos dejar de intentar hacerlo todo con nuestras propias fuerzas y permanecer cerca de Él.

    «Estad quietos y sabed que yo soy Dios.» – Salmo 46:10

    Quizá este sea el paso más difícil al aprender a soltar: permanecer en silencio. No actuar de inmediato. No intervenir enseguida. No buscar constantemente una solución. Simplemente confiar en que Dios está obrando, incluso cuando nosotros no podemos hacer nada.

    Tienda en español


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