Confiar en Dios: ¿de verdad puedes hacerlo?
Probablemente la mayoría de los cristianos respondería inmediatamente que sí. Pero cuando nuestra vida se desmorona, a menudo sucede algo muy distinto. Intentamos controlarlo todo, queremos comprenderlo todo y confiamos en nuestros propios esfuerzos. Esta oración cristiana te invita a confiar en Dios, entregar el control y descubrir que la confianza, la obediencia y la alabanza van unidas.

Oración para confiar en Dios
Querido Dios,
líbrame del deseo de querer controlarlo todo.

Líbrame de la necesidad de encontrar de inmediato una explicación y una definición para todo.
Líbrame de la idea de que todo depende de mi propio esfuerzo.
Ayúdame a reconocer cuándo el control es útil y cuándo debo aprender a soltarlo.
Ayúdame a distinguir qué es mi responsabilidad y qué puedo poner con confianza en tus manos.
Ayúdame a no querer comprenderlo todo antes de confiar en ti.
Ayúdame a no medir mi valor por mi rendimiento.
Líbrame de la presión de tener que resolverlo, cambiarlo y mejorarlo todo por mí mismo.

Muéstrame cuándo debo actuar y dame el valor para hacerlo.
Pero muéstrame también cuándo debo dejar de luchar y empezar a confiar en ti.
Guíame por tu camino.
Amén.
Soltar es el primer paso
Si te resulta difícil entregar realmente el control, puede ser útil comenzar con la oración sobre soltar. Aprender a soltar crea espacio para una confianza más profunda. Por eso este artículo se basa intencionadamente en la oración anterior.
Entregar el control para confiar en Dios
El control, las definiciones y el esfuerzo personal no son malos en sí mismos. Hasta cierto punto nos ayudan a organizar nuestra vida, asumir responsabilidades y comprender mejor las cosas. Pero debemos procurar que no se conviertan en el centro de nuestra vida.

El centro de nuestra vida no debe ser el deseo de controlarlo todo, definirlo todo o conseguirlo todo por nuestras propias fuerzas. El centro debe ser Dios.
Confiar en Dios significa estar dispuesto a dejarse guiar por él, incluso cuando todavía no comprendemos plenamente su camino. Significa también estar dispuestos a cuestionar nuestras propias opiniones y reconocer que la perspectiva de Dios es mayor que la nuestra.
Cuando confiamos en Dios, ya no necesitamos mantener todo bajo nuestro propio control. Podemos actuar cuando Dios nos llama a actuar y soltar cuando nuestras propias capacidades llegan a su límite.
Confiar en Dios también se manifiesta en la manera en que afrontamos los momentos difíciles. Si realmente lo amamos, no lo alabamos solamente cuando nuestras oraciones son respondidas como esperábamos. También lo alabamos cuando estamos tristes, cuando tenemos que esperar o cuando todavía no entendemos sus caminos.
Y si realmente confiamos en Dios, también estamos dispuestos a obedecerle. No solo cuando su voluntad coincide con nuestros propios planes, sino también cuando nos conduce por un camino diferente.
Por eso, entreguemos el control y confiemos en Dios. Dejemos de medir nuestro valor por nuestros logros y aprendamos a escuchar su guía, obedecerle y alabarle.
Oración para confiar en Dios, obedecerle y alabarle
Querido Dios,
confío en ti.
Confío en ti cuando comprendo tu camino.
Y quiero aprender a confiar en ti incluso cuando no lo comprendo.
Guíame.
Muéstrame qué quieres de mí.
Ayúdame a escuchar tu voz y a estar dispuesto a renunciar a mis propios planes.
Dame la humildad para reconocer cuando estoy equivocado.
Dame el valor para obedecerte, aunque tu camino sea diferente del mío.

No quiero alabarte solamente cuando todo va bien.
También quiero alabarte cuando estoy triste.
Quiero alabarte cuando tengo que esperar.
Quiero alabarte cuando no tengo respuestas.
Quiero alabarte cuando no sé qué ocurrirá después.
Que mi confianza en ti nunca dependa de que mi vida corresponda a mis propias expectativas.
Tú eres Dios.
Pongo mi vida en tus manos.
Confío en tu dirección.
Quiero seguirte.
Y te alabo.
Amén.

Confiar en Dios significa actuar y soltar
Quizá uno de los mayores desafíos de la fe sea aprender a distinguir cuándo Dios quiere que actuemos y cuándo nos invita a confiar en él y a soltar.
Confiar en Dios no significa volverse pasivo ni dejar de asumir responsabilidades. Podemos utilizar nuestras capacidades, tomar decisiones, hacer planes, aprender y trabajar. Pero no tenemos que creer que todo depende únicamente de nosotros.
Podemos orar y actuar. Podemos reflexionar y, al mismo tiempo, reconocer que nuestra mente no puede comprenderlo todo. Podemos asumir responsabilidades y reconocer al mismo tiempo que no somos responsables de todo.
Así, el control, las definiciones y el esfuerzo vuelven a ser lo que siempre debieron ser: herramientas útiles, pero nunca el fundamento de nuestra vida.
El fundamento de nuestra vida es Dios.
Cuando confiamos en Dios, podemos entregar el control sin renunciar a nuestras responsabilidades. Podemos obedecer sin comprenderlo todo de antemano. Y podemos alabar a Dios, no solo por lo que nos da, sino porque lo amamos y confiamos en que camina con nosotros.
Confiar en Dios se refleja en los frutos de la fe
Confiar en Dios significa mucho más que esperar su ayuda. La verdadera confianza se manifiesta en nuestra disposición a obedecerle y a tomar en serio sus mandamientos. Jesús los resumió en dos mandamientos sencillos, pero profundos: amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a uno mismo.
Cuando confiamos en Dios y vivimos conforme a su voluntad, él transforma nuestro corazón. Entonces comienzan a crecer en nosotros los frutos del Espíritu Santo: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. No son el resultado de nuestros propios esfuerzos, sino el fruto de una vida que confía en Dios y se deja guiar por él.
Si deseas que estos frutos crezcan también en tu vida, encontrarás una oración adecuada en el primer artículo de esta serie de oraciones.
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